Miénteme.

Miénteme.

Miénteme. 1000 567 estadosdelinconsciente

A lo largo de la vida, las temáticas que nos unen y nos funden a nuestrxs amigxs, se van transformando a medida que varían las motivaciones y necesidades que se nos plantean con cada nuevo cambio de década.

Actualmente, mis amigas y yo, estamos obsesionadas con la evolución personal. Sin duda una inquietud sana y saludable que no solo ocupa nuestras profesiones sino que nos sumerge en lo que, estoy segura, será el centro de este nuevo decenio que se presenta.

Nos reunimos – física y virtualmente- para compartir experiencias, sueños, libros y algún que otro truco al que nos gusta asignarle un poquito de magia. En nuestros improvisados aquelarres todo es un continuo crecimiento, un constante fluir, un incesante progreso… hasta el punto de entrar en modo inercia. Y es sobre esta inercia, sobre este querer crecer a toda costa, sobre lo que quiero reflexionar.

Esta semana reaccioné de manera “x” ante una situación inesperada. Y, antes de pararme, analizar como me sentía y comprender el por qué de esa reacción, zambullida por esta inercia imparable, decidí encontrarle un para qué estupendo. Me hice lo que suelo llamar un primero de Bellas Artes;

“Tú haz y luego ya lo justificamos con una explicación que cuele.”

O, lo que es lo mismo, me mentí de manera sucia y vil para hacerme creer que dicha reacción formaba parte de mis nuevos y sanos patrones de comportamiento, consiguiendo hacer visible de esta manera mi gran autoestima y valor.

Sí, me lo tragué hasta el punto de compartir mi gran proeza con las besties.  Y continué el día de manera feliz y saltarina, orgullosa de mi gran toma de decisiones conscientes, satisfecha con mi nueva etapa. Tan contenta estaba que, como guinda del pastel, me animé a analizar todo el crecimiento interior que albergaba semejante salto cuántico. Pero… ¡Oh, oh! ¿Qué demonios era eso?

A medida que iba apartando las capas de vanidad y petulancia que había interpuesto entre mi verdad y yo, podía percibir como un menudo y débil hilillo de voz se presentaba, algo tímido y temeroso, alegando que era mi vulnerabilidad. Reconozco que estuve como media hora haciéndome la loca hasta que, directamente, me gritó sin opción a escapatoria.

Me estaba comportando con mi fragilidad igual que como me había comportado en la situación inesperada; Huyendo. Esfumándome de la faz de la Tierra. Escapando cual rata asustada en vez de atravesar la situación con sus luces y sus sombras.

Y es que, eso de aceptar nuestra fragilidad es, quizás, uno de los actos más sinceros, heroicos y de amor propio que podemos tener con nosotrxs mismxs.

Cuando nos permitimos sentir y tropezar, es cuando verdaderamente nos estamos dando permiso para crecer.

La mentira es una característica central de la vida, de tal forma que una mejor comprensión de la misma es relevante para casi todos los asuntos humanos.”

Paul Ekman

(Podría haber sido de Cal Lightman, pero esta vez es el de verdad)

Foto: Lie to me. Samuel Baum y Dustin Thomason

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