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Iria del Bosque

EL DOLOR

Sentía dolor, el mismo que la acompañaba desde que su cuerpo se había convertido en cuerpo. No veía. No olía. No rozaba. Solo percibía los huesos húmedos y las entrañas ásperas. Experimentaba la idea líquida y furiosa de haber sido, a pesar de que, estando más viva que nunca, ya no era. La velaba como el siervo que se entrega a su dueña, con admiración. Desde cerca. Sin apretar. Sin ahogar.

El dolor siempre la había tratado bien. Aunque, en cuanto abriese los ojos, no lo fuese a recordar.

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