El sol entra directo por la ventana, mi taza humea. Descanso la mirada en el balcón de un tercero. Hasta allí no llega la brisa. Se les nota que se conocieron hoy. Bueno, ayer. Vigilan la calle: expuestos, ocultos. ¿Cómo es capaz de fumar al mismo tiempo? Hace calor. Uno sigue vigilando; el otro ya no. Los balcones de al lado tienen que ser del mismo piso. ¿Una o dos habitaciones? A ellos les da igual: se entrelazan fuera. Me hago otro café y recuerdo cuando la de los balcones de domingo era yo. Vuelvo a la ventana de mi quinto y doy un sorbo. Claro, vigila hacia abajo porque por encima todavía no existe nada.
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