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Iria del Bosque

A LA ESPERA DE INSPIRACIÓN

Eres consciente de que no pintas nada aquí, ¿verdad? Esa fue la frase que rompió el silencio antes de saber que estaba contratada.

Puedo percibir el mismo tono en el rostro de las personas con las que me voy cruzando; arquean las cejas y dejan caer el labio inferior. Lo intentan, pero no se puede disimular. Es un reflejo innato. Me recuerdan a cuando, con diecisiete años, decidí raparme el pelo para no ser esclava del reflejo, y correteaba la pregunta de si había sido por decisión propia o por una afección.

Mañana será mi cuarto día como reponedora en unos grandes almacenes. Estoy físicamente rota. Pero, al igual que el invierno en el que me compré aquel gorro de lana para ser libre y no pasar frío, esta nueva experiencia servirá para que me crezca un poco más fuerte la inspiración.

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