El viento se había alzado feroz. Caminó a través de los remolinos de hojas secas y desperdicios que salían de los recovecos. Había algo bello y trascendental en las nubes de polvo que la invadían turbulentas y libres. También en su decisión de irse. Trepó el muro del callejón y lo saltó decidida. Se adentró en la maleza impulsada por la necesidad de encontrar su sitio. Estaba dispuesta a no dejar de existir.
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